Cuentos de terror Remodelando mi nueva morada


Hace no mucho tiempo adquirí una casa que estaban rematando. Y es que el precio original de la vivienda era seis veces mayor, no porque se tratara de una propiedad muy grande, sino porque estaba muy bien comunicada.

A la derecha, al caminar una cuadra llegabas al subterráneo, en tanto que si caminas dos hacia la derecha, arribabas a la estación del tren ligero. Además, estando tan cerca de una avenida importante, otro tipo de transportes como camiones o taxis pasaban literalmente frente a la puerta.

La persona que me la vendió, sólo puso como condición que no cambiará el color de las paredes de la alcoba principal, pues fue una petición directa del antiguo dueño que le hizo a éste antes de morir.

La tonalidad de los muros de esa habitación era bastante molesta, ya que se trataba de un violeta chillante. Al principio, me adapté tapándome los ojos con la almohada pero a los pocos meses, ya no aguanté más y decidí poner un remedio.

Fui al supermercado y adquirí un par de galones de pintura blanca, así como una pistola para pintar. En menos de tres horas, el cuarto estaba listo ahora con las paredes de un neutral tono blanco.

Sin embargo, vale la pena mencionar que si alguien me hubiera mencionado lo que iba a pasarme desde esa noche, hubiese dejado todo como estaba. A la hora de dormir, el cuarto se volvía sumamente frío.

Además invariablemente me despertaba a las 3:00 de la mañana empapado en sudor. La gente que ha escrito libros de cuentos de terror basados en historias reales, comentan que esa es la hora en la que se presentan los espíritus malignos del más allá.

Criaturas que no han encontrado el descanso y que deambulan entre este plano astral y el otro. En cuanto pude dejé ese lugar embrujado, pues dudo que mi corazón hubiera soportado otros sustos como los que me llevé en ese sitio.

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